Leer en Los Diablos azules
El Mundial que España no ganó. Javier Ruiz Barquín
Editorial Nazarí, 2026
Miroslav Klose, futbolista nacido en Polonia pero migrado a Alemania, fue máximo goleador de la historia de los Mundiales. Obtuvo el título de carpintero y ebanista y trabajó tallando madera antes de destacarse en las divisiones juveniles. Luego jugó en la quinta división alemana hasta los 21 años; no debutó en la Bundesliga hasta los 22 y su potente capacidad de gol explotó a los 24. En esta época de prodigios juveniles en la cima del fútbol, que un futbolista adquiera su estatus a edad tardía resulta raro. Su récord ha caído en este último Mundial: se lo ha birlado Mbappé. No sé cuánto le durará el trono, porque viene mucha gente buena empujando por detrás —ojo, Kylian— y tienen el plan de jugarse cinco o seis Mundiales si apuran, como Lionel Messi.
Javier Ruiz Barquín también ha debutado tarde, pero tiene la misma hechura que Klose: la de quien va a jugar muchos años y con olfato goleador. Javier, librero destacado de Granada, ha escrito un diario mientras transcurría el Mundial, ese Mundial que él ha titulado «el que España no ganó». El título nada tiene que ver con la metedura de pata de Arcadi Espada, que mandó su crónica de una derrota de la selección el día antes de que se jugaran las semifinales. Fue una pifia antológica que debería mandar al columnista y al becario a la nevera del periodismo o a un banquillo de Tercera de un equipo de Primera venido a menos.
Para entender el título hay que leer el libro. Eso de que la literatura y el fútbol están distanciados lo desmintieron hace mucho Pasolini, Albert Camus, Eduardo Galeano, Vicente Verdú, Juan Villoro o Vázquez Montalbán e incluso, líricamente, hace casi un siglo, Alberti con su Oda a Platko, dedicada al portero del Barcelona. Javier Ruiz no es del Barcelona, es del Madrid, encandilado por los años de la Quinta del Buitre, y madridista muchas veces a su pesar, porque degusta el fútbol como degusta la literatura. Como buen librero, sus recomendaciones son exquisitas. Y de esa vida de librero trata el diario, igual que su Diario de la Eurocopa 2024, publicado en la web de Olvidos de Granada, o su prometido Diario de un patio andaluz: el fútbol y el patio son una excusa para hablar de muchas otras cosas. Como le sucede a Galeano, Alberti o Montalbán, el fútbol es una excusa para hablar de tantísimas otras cosas.
¿Por qué un diario? Porque es un modelo que no es periodismo ni crónica, sino literario, y sin embargo trata del día a día, de lo que pasa y de lo que se reflexiona. Es un formato propio de muchas autoras norteamericanas que escriben últimamente sobre la naturaleza y de las que Javier Ruiz habla a menudo cuando recomienda sus libros favoritos.
El diario podría haberse mantenido en redes, que es donde nació, y donde decidió escribir durante el Mundial sin saber qué sucedería al final. Luego llegó un editor atrevido para sacar a Javier al campo. La decisión era arriesgada: ¿y si la selección española quedaba eliminada a las primeras de cambio, como pudo suponerse tras el empate con la garbosa Cabo Verde? Lo cierto es que el Mundial no es lo que importa. Lo que importa es la vida, lo que pasa entre partido y partido.
Al reto se sumaba el suspense de un Mundial en un país como Estados Unidos, sometido ahora mismo a la impostura MAGA. Lo vimos cuando un desmelenado Donald Trump pilló a un calvo Infantino para que le retirase una tarjeta roja al delantero de la selección norteamericana, una acción sin precedentes que probablemente los tenga, y muy importantes: puede que crujan al presidente de la FIFA y que lo veamos fuera de su cargo en el próximo Mundial, el que debería celebrarse en nuestro país. Al fin y al cabo, hay que plantearse si puede ser democracia un país que no respeta siquiera una tarjeta roja.
Durante sus páginas Ruiz lee a Nick Hornby, a Mark Fisher o El delantero centro fue asesinado al atardecer. Este diario muestra un fútbol con perspectiva de clase, un fútbol de izquierdas —por la banda izquierda—, que se narra con sentido crítico para no confundir los intereses de los clubes, las ligas y las federaciones con los intereses públicos. Un diario que habla de en qué quedó el juego y qué nos muestra este espectáculo en una sociedad de espectáculos.
Merece mucho la pena volver a vivir un verano con Javier Ruiz Barquín, día a día, desde el debut en Ciudad de México hasta la final en Nueva York. Siempre se ha usado un lenguaje bélico para hablar del fútbol, y realmente hay algo en los enfrentamientos entre selecciones que tiene que ver con la sublimación de los enfrentamientos entre naciones y sociedades. El espíritu de los pueblos se mantiene muchas veces en el estilo de juego de los equipos, aunque en España hayamos pasado de ser la Furia a ser el Tiki-taka: de aquellos once tipos enfadados y aguerridos a once chicos (y también once chicas) que tratan con tanto cariño una pelota y que respetan y honran a sus hinchas antepasados.